Resulta que supongo que el mal existe, y que ¡oh, casualidad! vive cerca de mi casa, de mi amor, de mi día, de mi noche y de mi sexo, sueño, sonrisa y demás exquisiteces...
Sospecho -sagaz de mí- que las señoritas que de aburridas se ponen a tejer el destino de otros me han visto por fin amando, por fin tranquila, por fin riendo y han decidido ponerme a prueba... y es que tal vez yo me la he creído, tal vez pensé que ya me había defendido lo suficiente de aquel Barbazul y que ya claramente había pagado el peaje.
Chan, re chan.
Resulta que después de pasar por todos los colores y estados de ánimo he llegado a la conclusión de que mi Villana (así la nombro de ahora en más) es un milagro y misterio. Es una reverenda hija de puta que ha venido a esta tierra a servirme.
Resulta que, de ser así, salud por ella!